«Las mochilas llegaban cargadas de ropa, pero también de ilusión». 22 jóvenes han comenzado una nueva edición del Campo de Voluntariado de Cáritas Diocesana de Madrid. Una experiencia que durante las próximas dos semanas les permitirá descubrir que «el verano también puede ser un tiempo para cuidar, aprender y poner la vida al servicio de los demás».
La primera parada fue la sede de Cáritas diocesana de Madrid (Santa Hortensia). Allí tuvieron la oportunidad de conocer de cerca la misión de la entidad, descubrir el sentido del voluntariado y participar en las primeras dinámicas de grupo. «Esos momentos que rompen el hielo y empiezan a convertir un grupo de personas desconocidas en una comunidad».
Después emprendieron el viaje hacia La Hiruela, el pequeño municipio de la Sierra Norte de Madrid que será su hogar durante estos días. Allí esperaba Fernando Sanz, el párroco de La Hiruela, de los Clérigos de San Viator. Seguidamente, recorrieron sus calles, conocieron el pueblo y se encontraron con sus habitantes. Porque este campo de voluntariado «no consiste solo en realizar actividades, sino en integrarse en la vida del entorno rural, escuchar, compartir y dejarse sorprender por todo lo que una comunidad puede ofrecer.

«Transformar la mirada»
La jornada terminó alrededor de la mesa. Prepararon juntos la cena, comenzaron a organizar la convivencia y dieron la bienvenida a una experiencia que ya ha empezado a llenarse de actividades, encuentros y aprendizaje compartido. Cerraron el día con una oración.
El grupo está formado por jóvenes de entre 17 y 22 años. Llegan desde distintos puntos de la Comunidad de Madrid, pero también desde Córdoba, Lugo, Santiago de Compostela e incluso desde Portugal. La mitad de ellos participa por primera vez en una experiencia de voluntariado; la otra mitad ya ha colaborado anteriormente con personas mayores, infancia, proyectos sociales o campos de voluntariado, tanto en España como en otros países. Entre ellos hay estudiantes de Bachillerato, Formación Profesional y universidad, con perfiles tan diversos como Psicología, Enfermería, Integración Social o Filosofía. «Una diversidad que enriquecerá la convivencia y el trabajo compartido».
Durante las próximas semanas colaborarán con personas mayores, personas con discapacidad, familias y vecinos de la comarca, participarán en proyectos comunitarios, descubrirán iniciativas de desarrollo rural y compartirán espacios de formación, reflexión y convivencia. Dos semanas para demostrar que «el voluntariado también es una forma de construir comunidad y de transformar la mirada».
