«Educar es acompañar». Con estas palabras explicó Inmaculada Florido, delegada episcopal de Enseñanza, la tarea del docente en una entrevista en el Informativo Diocesano de TRECE con motivo de la inminente Jornada Diocesana de Enseñanza.
La delegada destacó que «el acompañamiento es esencial, y es acompañar todas las dimensiones de la persona». Quiso matizar además que estas jornadas no se circunscriben a un acompañamiento espiritual ni tampoco están exclusivamente destinadas a profesores de Religión católica: «Nuestra tarea educadora es acompañar el proceso de crecimiento de la persona».
En sentido, reconoció que «ver crecer a la persona, no solo físicamente sino en esos procesos de tomas de decisiones, de descubrimientos, de ilusiones, es entusiasmante» porque «somos corresponsables de que cada uno pueda llegar a ser lo mejor que está llamado a ser». «En cualquier tarea humana nos acompañamos, nos construimos, nos educamos mutuamente», aseveró.
Citando al Papa Francisco cuando habla de la cultura del encuentro, Florido señaló que esta es «esencial en la educación: no hay educación si no hay significatividad para el que aprende, pero es que el que enseña está aprendiendo también del educando, del compañero de claustro. Estamos construyendo personas, enseñemos integrales en Matemáticas o Historia».
Tres pilares en la delegación
La Delegación Episcopal de Enseñanza celebra su XXXV Jornada este sábado, 7 de marzo, en el Seminario Conciliar de Madrid con el lema Acompañados y llamados a acompañar. Nada de lo humano nos puede ser ajeno. El encuentro contará con la presencia del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y en él intervendrán como ponentes Junkal Guevara, biblista, y Antonio Ávila, director del Instituto Superior de Pastoral de Madrid. Más información sobre la Jornada, en Alfa y Omega.
Este encuentro y la Eucaristía de envío de los docentes a su misión son los dos momentos claves del año en la delegación, si bien a lo largo del curso su trabajo se centra en prestar atención a los tres pilares en los que se sustenta su labor: actividades de formación y seguimiento del profesorado de Religión de la escuela pública, muy en diálogo con la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid; atención a los educadores cristianos, que viven su compromiso bautismal desde la profesión docente, y armonización de la propuesta educativa explícita de la diócesis de Madrid en los colegios diocesanos.