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Madrid

San José de Las Matas reparte 70 raciones de comida diarias

San José de Las Matas reparte 70 raciones de comida diarias

ereo Madrid 16 Abril 2020
  • Titulo: Infomadrid
  • Firma: San José de Las Matas reparte 70 raciones de comida diarias
  • Fin Agenda: 16-04-2020

Durante este tiempo de pandemia provocado por el COVID-19, son muchas las iniciativas solidarias puestas en marcha.

Así, gracias a la ayuda económica aportada por una empresa, un catering se encarga de elaborar 300 raciones diarias de comida caliente que,  con la ayuda de Cáritas Vicaría VII, se reparte a familias necesitadas de Villalba, El Escorial y distintos puntos de la sierra.

La parroquia San José (Amadeo Vives, 31) de Las Matas distribuye cada día 70 de estas raciones. Los beneficiarios son en su mayoría inmigrantes llegados a nuestro país hace poco tiempo, lo que hace que no tengan los papeles necesarios para acceder a la ayuda oficial. En la casi totalidad de los casos, los afectados no disponen de ingresos, ya que no tienen trabajo. Y a esta situación hay que añadir el hecho de que tienen que pagar el alquiler, uno de los principales problemas de estos momentos. Por eso, la parroquia también les proporciona alimentos no perecederos, productos de higiene y ayuda económica puntual.

Amigos de la Beata María Ana de Jesús colaboran con el hospital de IFEMA

Amigos de la Beata María Ana de Jesús colaboran con el hospital de IFEMA

ereo Madrid 16 Abril 2020
  • Titulo: Infomadrid
  • Firma: Amigos de la Beata María Ana de Jesús colaboran con el hospital de IFEMA
  • Fin Agenda: 16-04-2020

Todos los días 17 de cada mes, la asociación de Amigos de Mariana de Jesús atiende a los indigentes, repartiendo alimentos en el convento de las madres Mercedarias de don Juan de Alarcón (Puebla, 1).

Desde que comenzó la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, esta ayuda se ha visto suspendida. Por eso, la madre Mari Ángeles Curros, responsable de la causa de canonización de la beata, ha donado el importe destinado para adquirir alimentos durante dos meses a la cuenta abierta por las congregaciones, hermandades y cofradías madrileñas. Un importe que ha ido destinado a la compra de material logístico para los enfermos de coronavirus que están siendo atendidos en el hospital instalado en IFEMA. Una buena manera de que la ayuda de la beata siga llegando a los más necesitados de Madrid.

Biografía

Esta beata, terciaria mercedaria, nació el 21 de enero de 1565 en la madrileña calle de Santiago con el nombre de Mariana Navarra de Guevara y Romero. Perteneciente a una familia acomodada, a muy temprana edad se quedó huérfana de madre, hecho que marcó su vida. Casado su padre en segundas nupcias, ejerció de madre para sus hermanos, lo que la hizo madurar pronto.

Desde muy pequeña mostraba en su vida espiritual un amor especial a Jesús Eucaristía, practicaba austeridades y rezaba con frecuencia. También la Virgen gozaba de sus preferencias. E incluso su Ángel custodio, con quien conversaba a menudo. A pesar de eso, creció como una muchacha normal, gozando de las mismas diversiones que las chicas de su tiempo. Sus padres la habían prometido en matrimonio, y puede que ella llegara a consentir el compromiso. Pero un buen día, con 22 años, un sermón de un fraile, una llamada insinuante –quizás Dios que la reclamaba para sí–, y su espiritualidad apasionada, la ayudaron a decidir su vocación. La negativa a casarse y su deseo de apartarse del mundo para entregarse a Dios provocó un gran revuelo en su familia, que no aceptó esa decisión, e intentó ‘persuadirla’ para hacerla cambiar de opinión. Recurrieron a los castigos, prohibieron sus salidas... pero ella no cejó en su empeño. Fiel a su decisión, meditada en la oración y respaldada por su confesor, recortó sus cabellos y llegó a desfigurar su boca –practicándose un corte en los labios- con el fin de parecer fea y disuadir a su prometido de casarse con ella, y a sus progenitores de sus empeños casamenteros. Estos se negaron a aceptar los hechos, y la confinaron a una reclusión que duró varios años, viviendo sin salir a la calle, y con distintas privaciones.

Nada de esto hizo mella en la decisión de la joven, que lo aceptó todo, incluso los momentos de oscuridad espiritual con que Dios la ‘regaló’ en esta época, con un gran estoicismo y paciencia. Al tiempo que soportaba el cerco familiar, con su forma de vivir demostró lo que su voluntad ansiaba: vivir alejada del mundo y cerca de Dios. Así, comía lo imprescindible, se sometía a privaciones, sacrificios y mortificaciones, e incluso se disciplinaba con gran rigor, viviendo una vida piadosa y de penitencia, ayudada y dirigida por fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, religioso mercedario que influyó mucho en su vida espiritual.

Su familia decidió dejarla vivir su vida y con 33 años abandonó la casa de su progenitor, para instalarse en una choza contigua a la madrileña ermita de Santa Bárbara, donde vivió hasta que su dueña la instó a buscar otro lugar. Los frailes Mercedarios Descalzos le dieron una casita ubicada en el huerto del convento de santa Bárbara, donde vivió hasta el fin de su vida.

La influencia de fray Juan Bautista, unida a su formación académica en el convento Grande de la Merced, ubicado en la actual plaza de Tirso de Molina, hizo que el carisma Mercedario atrajera su atención, y que deseara vivirlo con una entrega total. Pero las madres Mercedarias no la dejaron profesar y vivir como una más dentro de la comunidad, quizás debido a la prevención provocada por la fama de la Beata. Mariana hubo de contentarse con pronunciar los votos en privado, primero ante el padre Guimerán, y luego ante el padre general de los Descalzos, y vivirlos de manera privada, sin renunciar a llevar el hábito de Terciaria de la Merced, que llevaba por obediencia como un símbolo exterior de su compromiso interior.

Gran devota de Jesús Eucaristía –es considerara la precursora de los jueves eucarísticos- y de la Pasión, los éxtasis, las visiones de Cristo y de la Virgen María -con quien conversaba- pronto son del dominio público. Esta mística de la Cruz llegó a sufrir el tormento de la corona de espinas o a degustar las delicias de la hiel y el vinagre, como Jesús crucificado. Pasa su vida dedicada a la oración y la penitencia, y recorre Madrid con su hábito, procurando ayuda a los más pobres, niños, enfermos, cautivos y todo tipo de necesitados, a quienes socorre con limosnas y demás ayudas materiales. Pide para ellos por mandato de su confesor, algo que le suponía un gran sacrificio. La fama de sus virtudes, y la de las apariciones sobrenaturales y milagros que la acompaña, se extendió rápidamente, y su humilde vivienda se convirtió en el corazón de la Villa y Corte. Las reinas Margarita de Austria e Isabel de Borbón, y muchas personalidades de la época, acudieron a ella en busca de consejo espiritual.

El rey Felipe IV y miembros de la nobleza se cuentan entre sus devotos. Su compasión y su ternura dan para todos. A unos escucha, a otros ayuda con dinero y limosnas, incluso ofreciendo su propia comida, entre otros pone paz, soluciona conflictos, cura enfermedades, aporta consejos... Llega incluso a influir en fundaciones e instituciones. Su labor y su testimonio encuentran la aclamación de las gentes más sencillas de su querido Madrid. Y muchos fueron los corazones y las almas que, con el ejemplo de su vida y su oración, se volvieron a Dios.

Eran conocidas sus premoniciones o ‘visiones’ futuras, que con frecuencia eran consultadas. Y que, por ejemplo, ayudaron a que un santo madrileño, a quien profesaba una devoción muy especial –san isidro Labrador- llegara a los altares, al animar al embajador de Felipe III, agradecido al Santo por una presunta curación, a que fuese a Roma para solicitar la canonización del madrileño, asegurando que a su vuelta traería el Decreto firmado, y que su mujer, enferma crónica, vendría curada. Una vez canonizado, la estatua del patrono de Madrid fue colocada en la Puerta de Alcalá, junto con la de santa María de la Cabeza. Muerta Mariana, también su imagen fue puesta en dicha puerta, antes de ser beatificada, situada a uno de los lados de la Virgen de la Merced, y al otro san Pedro Nolasco, fundador de la Orden. Esa Puerta sería derribada por Carlos III para construir la actual.

También para las religiosas Mercedarias, en cuya orden profesó de manera privada, tuvo palabras premonitorias cuando no la recibieron en el convento: no me aceptáis en vida, pero me recibiréis una vez muerta. Y así fue. Fallecida en olor de santidad a los 59 años –el 17 de abril de 1624-, su cadáver fue expuesto al público durante tres días, y miles de devotos acudieron a darle su último adiós. Sus restos fueron enterrados en el antiguo convento de santa Bárbara, donde permanecieron hasta la ocupación francesa. En ese momento, las tropas napoleónicas robaron la arqueta de plata que contenía su cuerpo, regalo de los Duques de Alba. Los frailes, previsores, lograron entretener a las tropas francesas el tiempo suficiente para sacar el cuerpo antes del saqueo, tirándolo envuelto en una sábana a un convento de carmelitas colindante con el convento mercedario. El monasterio de las madres Mercedarias de don Juan de Alarcón solicitó después dicho cuerpo al obispado, siendo entregado por ser de la misma orden y profesión.

Así, sus restos fueron trasladados al actual convento de las Mercedarias, en la madrileña calle de Valverde 15, en cuya Iglesia permanecieron hasta la Guerra Civil, fecha en que las madres abandonan el convento por ser ocupado durante la contienda. El cuerpo de la beata será escondido en una ebanistería, para ser trasladado después al convento de la Encarnación, donde permaneció depositado hasta terminar la Guerra. Y una mañana muy fría de invierno fue trasladado, a hombros, por los Caballeros de la Orden de la Merced, al monasterio de Alarcón, donde descansan en la actualidad. El arca que contiene sus restos mortales, instalado en el retablo dedicado a la beata, es un regalo de la Casa de Medina Sidonia. Su cuerpo, que se venera cada 17 de abril –festividad litúrgica de la beata- permanece incorrupto.

Entre otros hechos extraordinarios, la beata ayudó a terminar la construcción de este convento de las madres Mercedarias, en cuya Iglesia reposa actualmente, y el de las Carboneras del Corpus Christi, de las monjas Jerónimas.

Aclamada como la ‘Santa de los pobres de Madrid’ desde el momento de su muerte, pronto se inicia el proceso de beatificación. Por unanimidad el pueblo llano, los nobles e incluso los reyes se unen dando testimonio de los incontables favores, prodigios y milagros obrados por su intercesión. La gente ‘acude’ a ella en busca de favores. Y se suceden ‘milagros’, como el de las lluvias que hubo en Madrid durante las terribles sequías que hubo en las dos Castillas en 1613 y en 1624. En ambas ocasiones, la Beata permaneció en oración hasta que logró que lloviera.

Beatificada en 1783 por el Papa Pío VI, el 8 de marzo de 2011 se abrió el proceso diocesano de canonización después de que la beata hubiera realizado el esperado milagro: la presunta curación de una niña hace 14 años.

Monseñor Cobo: «En esta Pascua concreta quizás no es momento de hablar de Dios sino de hablar con Dios»

ereo Madrid 16 Abril 2020
  • Titulo: Infomadrid / B. Aragoneses

La octava de Pascua es una etapa «en la que Jesús nos invita a resucitar con él», explicó el obispo auxiliar de Madrid monseñor José Cobo durante la Eucaristía de este miércoles retransmitida por YouTube. «Jesús nos regala una mirada nueva, un corazón nuevo y caminos nuevos por los que tendremos que transitar», aseguró al hilo del pasaje que se proclamó en el Evangelio, el de los discípulos de Emaús. La «desesperanza y la desilusión» pudieron más en esos discípulos, que habían abandonado Jerusalén tras la crucifixión de Cristo, al igual que muchos hoy en día «estamos cansados, tristes y encerrados».

«Podemos quedarnos en un continuo Viernes Santo –continuó–, tristes por la lectura que hacemos de los acontecimientos: vivíamos muy seguros porque teníamos progreso, dinero, y de repente todo se viene abajo», indicó monseñor Cobo. Y ante un confinamiento «que se hace largo, la tentación es irse a Emaús, escapar cada uno a su Emaús particular. Emaús será el volver a aquello que fuimos; Emaús no es remar juntos sino buscar nuestros individualismos; Emaús será meternos en nuestros líos, en nuestras páginas web, en nuestro ver series, y huir de la realidad que se nos pone delante».

Pero Jesús, recordó el obispo auxiliar, siempre sale al encuentro, de forma muy distinta a la esperada, siempre sorprendente, y por eso «nadie reconoce a Jesús, porque siempre es distinto». Y lo que el Señor quiere, como hizo con los discípulos de Emaús al preguntarles de qué hablaban, es escuchar lo que nos pasa: «En esta Pascua concreta quizás no es momento de hablar de Dios sino de hablar con Dios, de lo que nos preocupa. Dedica un tiempo a hablar con Él. Díselo con tus palabras. Y escúchale».

Al igual que los discípulos de Emaús invitaron a Jesús a quedarse con ellos en casa, así «hoy, como ayer, al caldear el corazón, Jesús nos toma, nos bendice, parte nuestra vida y la ofrece a los demás», aseguró el prelado. Para los cristianos de hoy, tampoco «el destino es quedarnos en casa. Jesús nos da caminos nuevos». Los discípulos de Emaús regresaron a Jerusalén, donde estaban los apóstoles, «para reforzar la experiencia de la Resurrección». El camino de la Pascua es «ofrecer a Jesucristo a todos los que no se pueden mover, porque la experiencia de la Resurrección ha de llegar a todos». Monseñor Cobo concluyó recordando que «Jesús resucitado quiere regalar su esperanza a todos, empezando por los tristes y por los que no saben salir de esta situación».

La crisis del coronavirus en San Pedro Regalado: «Nos vienen personas con unos cuadros que se te parte el alma»

La crisis del coronavirus en San Pedro Regalado: «Nos vienen personas con unos cuadros que se te parte el alma»

ereo Madrid 15 Abril 2020
  • Titulo: Infomadrid / B. Aragoneses

Todos los segundos lunes de mes, en la parroquia San Pedro Regalado, en Vallecas, se entregan 10.000 kilos de alimentos a familias necesitadas del barrio dentro de la Misión Panal. Se trata de una de sus líneas de caridad cuyo origen explica el párroco, Wooby Orestes Jaques: «En la Biblia, el panal es un símbolo de ternura, acogida y cariño. Y esto es la misión, devolver humanidad, consuelo y ternura a las personas necesitadas, porque la acción caritativa es una manifestación real del amor concreto a los demás». Un equipo de voluntarios, muchos de los cuales fueron en su origen beneficiarios de la misión, trabaja en la parroquia para atender la logística de la entrega de los alimentos.

Pero el coronavirus lo cambió todo. Hace quince días, el padre Wooby decidió, por prudencia, «ya que pensábamos que no iban a tener mascarillas y guantes como protección, no convocar a los voluntarios para el reparto de este mes», que se iba a realizar el Lunes de Pascua. Y a su vez, envió una carta pidiendo ayuda a las autoridades: al Ayuntamiento de Madrid «porque uno de los asesores del alcalde, José Luis Martínez-Almeida, es amigo de la parroquia», a los bomberos y al concejal de distrito. «Mi sorpresa fue que contestaron todos» y que allí se presentaron el lunes, dispuestos a ayudar, «el alcalde hasta con zapatillas de deporte, y el concejal, que estuvo desde las 12:00 hasta las 16:00 horas colaborando en el reparto del azúcar».

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Una ayuda que fue como agua de mayo para una parroquia en la que la crisis del coronavirus ha impactado de lleno. Como señala el párroco, «atendemos ahora mismo a 300 familias, muchas más de las habituales. Hemos repartido entre más personas lo que ya era poco, porque de los 10.000 kilos, este lunes entregamos 7.000 por las dificultades con las que se está encontrando también el Banco de Alimentos». Menos recursos para más personas: «¿Cómo va a sobrevivir una familia, como tenemos, de once miembros en una casa con tres litros de leche al mes? Son familias que no estaban preparadas para comer todos los días todos en casa, que se las arreglaban para los fines de semana porque entre semana los niños estaban en el colegio».

«Me preocupa el después»

El teléfono de la parroquia San Pedro Regalado de Vallecas aparece el primero en el listado que los Servicios Sociales del distrito distribuyeron para atención de las necesidades, «y me llama muchísima gente, incluso de madrugada». El padre Wooby, nacido en Puerto Príncipe (Haití) pero con 25 años ya de residencia en España y ordenado en la catedral de la Almudena, no oculta su preocupación «por el después»: «Aquí estamos en el eslabón más bajo de la cadena, la crisis recae con más fuerza en esta gente. El otro día una señora me decía que solo le quedaba robar. Nos vienen personas con unos cuadros que se te parte el alma».

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Por eso, el párroco ha iniciado una campaña para visibilizar esta situación y solicita, en primer lugar, voluntarios para el reparto, porque «el español es muy solidario, y tenemos que dar la oportunidad a los jóvenes de que ayuden; ellos quieren pero muchas veces no saben cómo». En segundo lugar, alimentos: «El otro día un amigo me donó ¡1.500 huevos!, otro yogures, también carne, pescado… Así vamos completando la cesta». Y, por último, dinero, para lo que hay una cuenta bancaria disponible: «La gente necesita liquidez, porque eso les dignifica. El poder ir ellos a hacer la compra les hace sentirse válidos, útiles y, en cierta manera, les infunde esperanza».

Se puede colaborar a través de Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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