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El pasado domingo, 25 de noviembre, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presidió la Misa de clausura del Año Jubilar que la Santa Sede concedió a la parroquia Santísimo Cristo de la Salud.
Acompañado del párroco, Crescencio Ballesteros, y de otros sacerdotes, el purpurado animó a los fieles presentes a mirar al Cristo que preside el templo, esa imagen «de una belleza extraordinaria» y, sobre todo, «de un alcance al corazón de todos nosotros», donde «su santidad nos envuelve y nos da vida».
Una imagen que «nos envuelve y nos da vida»
Tras alentarlos a ser fieles al primer mandamiento –«Amaos los unos a los otros como yo os he amado»–, destacó que en la expresión «como yo» descubrimos «esa imagen de una belleza extraordinaria del Santísimo Cristo de la Salud».
El Hijo de Dios, en la Cruz, «nos enseña quién es de verdad el hombre, el ser humano, el que es capaz de dar la vida por los demás». Él, incidió, «nos da la verdadera libertad» y «nos enseña dónde está». Una libertad que «no está en hacer lo que yo quiero», sino «en amar al otro incondicionalmente, en todas las situaciones que esté». Y «mi libertad termina cuando dejo de amar al otro y comienzo a esclavizarlo», destacó.
La oportunidad de mirar al Señor
«Qué oportunidad más grande tenéis aquí, en esta parroquia, que nada más entrar podéis mirar y contemplar al Señor…». Por ello, aseveró el cardenal Osoro, «volved a un Jesús que dice "ama", "da la vida", "sígueme", "no hagas trampas" y "no te vayas por otros caminos"». Un Jesús «que no se queda en una imagen».
Finalmente, agradeció la inmensa labor del párroco «por este año que, con tanta fuerza, ha querido usted que estuviese presente en la parroquia Nuestro Señor Jesucristo». Los resultados, concluyó, «no los tenemos porque no son matemáticos y pertenecen a otra orden», pero «los hay».