El Colegio San Agustín (Padre Damián, 18) acogerá este martes 7 de julio, a las 19:30 horas, el acto de clausura de la fase diocesana de la causa de canonización de Sebastián Gayá, que estará presidido por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid.
Sebastián Gayá fue, junto al laico Eduardo Bonnín y el obispo Juan Hervás, iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, método evangelizador de primer anuncio para un encuentro personal con Jesucristo que nació en 1949 en la diócesis de Mallorca. Su causa de beatificación se abrió en Madrid en septiembre de 2022.

Una vida de fidelidad humilde a Jesucristo y a la Iglesia
«Mayores cosas veréis». A Sebastián Gayá (1913-2007) le gustaba recordar, cada vez que concluía un Cursillo de Cristiandad, estas palabras que Jesús le dijo a Natanael. Desde aquel primer cursillo de la historia, en enero de 1949 en el monasterio de San Honorato (Mallorca), esos «días de fuego y gracia» —como los definía Guillermo Estarellas, uno de los primeros cursillistas—, eran punto de partida para vidas completamente renovadas, inundadas del amor de Dios y urgidas a llevarlo al mundo.
Nacido en Felanitx (Mallorca) en el seno de una familia humilde y profundamente cristiana, Sebastián fue el mayor de tres hermanos. Siendo aún niños, la familia emigró a Argentina en busca de una vida mejor. Sebastián cursó estudios en los salesianos de Buenos Aires y recibió allí la Primera Comunión. A los 12 años, el pequeño Sebastián sintió la llamada al sacerdocio. Con 13, embarcó de nuevo rumbo a España para ingresar en el seminario diocesano de Palma. (Imagen inferior, durante el viaje).

El propio Sebastián reconoció en vida lo solo que se sintió en aquel viaje y cómo lloró «pensando en cuándo volvería a ver a mis padres»; pero, continuaba, «sabía que había dicho que sí al Señor y no debía volver a atrás».
Ordenado sacerdote el 22 de mayo de 1937 y ligado desde sus inicios a la pastoral juvenil de Mallorca, en 1947 fue nombrado consiliario diocesano de los jóvenes de Acción Católica (AC). Asumió entonces la preparación espiritual para la gran peregrinación a Santiago de Compostela convocada por la juventud española de AC para el verano de 1948. De esta preparación nacería el método propio de los Cursillos de Cristiandad, iniciados por Sebastián Gayá junto a Eduardo Bonnín, presidente diocesano de los jóvenes de AC y también en proceso de beatificación, y monseñor Juan Hervás, obispo de Mallorca.

Si los jóvenes partieron de Mallorca con el lema A Santiago, santos, el propio Sebastián los animó a la vuelta: «De Santiago, santos y apóstoles». «¿Mi ideal? Quisiera que fuera este: ser santo, santificando a mis hermanos. Hacer de mi vida, con todas sus cosas, sus luchas y sus baches, un eterno peregrinar de santidad», decía.
No le faltaron a Gayá, efectivamente, las contrariedades. A pesar de todo, su amor a Jesucristo y a su Iglesia fue siempre inquebrantable. En 1966 se celebró la I Ultreya mundial en Roma (primer encuentro internacional de cursillistas), en la que el Papa san Pablo VI afirmó: «Cursillistas de Cristiandad, Cristo, la Iglesia, el Papa cuentan con vosotros». San Juan Pablo II diría tiempo después: «El cursillo es un instrumento suscitado por Dios para el anuncio del Evangelio en nuestro tiempo».

Sebastián, que había sido despojado de todas sus responsabilidades en Mallorca y enviado a Madrid en 1957, pasó el resto de su vida dedicado en cuerpo y alma a la expansión de los cursillos por el mundo y a la atención espiritual de los que se celebraban en la diócesis de Madrid.
Nombrado prelado de honor de Su Santidad el 10 de marzo de 2005, vivió los últimos años de su vida en Mallorca. Fallecido el 23 de diciembre de 2007, a los 94 años de vida, sus restos recibieron sepultura en el monasterio de San Honorato (Mallorca), lugar donde se celebró aquel primer Cursillo de Cristiandad en 1949.
